En Supe-sesso sabemos que un desarrollo completo
y armónico del individuo sólo puede darse tomando
en cuenta a ese gran desconocido, eje de la rueda de la evolución,
tan primitivo como nuestros primeros orígenes, tan
sublime como el arte mismo, tan profundo y arcano como las
más antiguas religiones: el sexo. Lo
que en un inicio fue meramente un mecanismo natural para buscar
la preservación de la especie ha sufrido la misma serie
de cambios que ésta, por virtud del complejísimo
fenómeno que denominamos sociedad. Y el sexo devino
en sexualidad. Para observar, aprehender y proponer en torno
a la sexualidad es indispensable una actitud atenta, libre
de las ataduras del prejuicio, ávida de asombros y
de crecer. Es menester la prohibición del tabú.